sábado, 3 de octubre de 2020

 

LA PARTIDA

 

Armando era un hombre distante práctico, absorbido siempre por su trabajo que era excesivamente demandante. Todas las noches, cuando él llegaba a casa, limpiaba las colecciones de juguetes que tenía en los estantes, justo detrás de la puerta de la entrada, lo hacía de una manera minuciosa y todos los días se ocupaba de  los escondrijos y ranuras de aquellas figurillas, evitando así que el polvo se acumulara sobre ellas.

 Por supuesto, Armando no podía dejar de limpiar su maravilloso ajedrez representación de la guerra de las rosas que había sido tallado por un artesano quién había muerto antes de terminar la última pieza: un peón con el cuerpo de un soldado y la cabeza redonda, era la única pieza que no tenía el rostro de un soldadito medieval, con dorados cabellos, sino una bolita de madera, Armando sentía un especial afecto por aquella pieza imperfecta.

Un día, Armando decidió comenzar una partida consigo mismo, él era una persona absolutamente solitaria, un acné  en su adolescencia había marcado su rostro feamente y por su blanca piel parecía que tenía heridas abiertas que empeoraban con el sol, que eran semejantes a ampollas rojas a punto de reventarse, su cuerpo tampoco era bello, su vientre era abultado y sus movimientos graciosos iban acompañados siempre de fatiga, tal vez por los problemas de azúcar que su sobrepeso le causaban.

Para escoger el color, Armando lanzó una moneda al aire, cara determinaba el color  blanco y sello el color negro, miró su rostro reflejado en el espejo del estante y le dijo a su reflejo; -me encanta esté juego- escribiendo de manera automática esta frase en el espejo. En el juego del ajedrez siempre sacan blancas y su apuesta sin haberlo reflexionado bien, era una apuesta por comenzar o no comenzar la partida.

Antes de salir de su casa movió el peón blanco e4, su día transcurrió normal, en medio del bullicio de su trabajo y los formularios que tenía que diligenciar… Armando, casi había olvidado el pequeño juego mental, al llegar a su casa en la noche, misteriosamente el peón negro había sido movido  e5, pero él  no recordaba haberlo hecho, restándole importancia a este detalle simplemente asumió que lo había hecho de manera automática antes de salir. A la mañana siguiente; Armando hizo su siguiente jugada y movió caballo blanco Nf3.

Ese día, igual que el anterior, transcurrió normal, eran las mismas personas de siempre a su alrededor, trabajando, rumiando y hundiéndose entre pequeñas mentiras suburbanas de aparente felicidad, todos ellos se mantenían flotando entre lo fatuo y lo ingenuo, en una redecilla interminable de neuronas espejo de vidas fabricadas por comerciantes de detergente para ropa… era lo de siempre; fulano se acuesta con fulana, fulana está embarazada del jefe y así… esos eran todos los días de su miserable vida.

Al volver a su casa el tablero tenía un nuevo movimiento, peón negro f6. Armando por vez primera dudo de su propia cordura, -¿Cómo era posible?; ¿Acaso alguien más entraba,  mientras él estaba por fuera?- Revisó al interior de la casa para saber si faltaba algo, pero todo estaba en perfecto orden, en su cajita de recuerdos estaban las joyas que le había dejado su madre, sus instrumentos musicales limpios y bien ubicados, sus ahorros escondidos en el cesto de la ropa sucia, sus figurillas… todo estaba absolutamente tal cual lo había dejado en la mañana antes de salir de su casa.

A la mañana siguiente, Armando por simple curiosidad movió peón blanco pd4, se aseguró de que su puerta estuviera bien cerrada y se marchó hacía el trabajo con una gran incertidumbre y una sensación pastosa en la boca. No pudo desayunar bien, simplemente algo dentro de su cabeza no lo dejaba tranquilo, tal vez el miedo de que un extraño lo pudiera estar vigilando, que ese extraño revisará su correspondencia, que leyera su diario y ¿quién sabe?; hasta que fuese un depravado que husmeara sus calzoncillos y tuviera quién sabe qué fantasías en su loca cabeza mientras él no estaba, porque su dinero estaba intacto.

Ese día permaneció con ese extraño frío que congeló alguna parte de su alma, como si esa parte de sí fuera solo alguna loca fantasía que se había inventado alguien, decidió entonces hundirse nuevamente entre cifras contables que era el único mundo seguro para él, el balance del último mes. Cuando llegó a su casa, el peón negro había sido desplazado a d6.

-Esta es una situación que amerita un trago-se dijo a sí mismo, corrió a la nevera y bebió de una cerveza corriente. Mirando con recelo cerró las puertas de su casa con doble pasador, rezo tres padres nuestros y dos aves marías y se puso su pijama afelpada. Pensó un largo rato, la verdad apenas si interactuaba con sus compañeros de trabajo para responder algunas mofas, su vida siempre había sido solitaria, su aspecto no ayudaba mucho y su carácter menos, había sufrido algunas depresiones hasta que en algún momento de su vida optó por dejar de tratar de gustar a los demás, en cambio gustaba le gusta detallar la vida de los demás en silencio porque detrás de cada gran sonrisa siempre había un mundo lleno de mentiras.

A la mañana siguiente, desayuno opíparamente, como estaba acostumbrado a hacerlo, y movió alfil Blanco Bc4. Antes de salir, al descuido observó su peón blanco que estaba ubicado en la posición d4, era el mismo peón que no tenía rostro, pensó que quién sea que fuera su oponente le ganaría y estaba dispuesto a tomar su rey.

Armando tomó el autobús llegó a su oficina, preparó su café, abrió la gaveta, de su escritorio tomó el arma que había comprado cuatro meses atrás y se disparó en el oído derecho.

Esa noche Darío llegó a su casa, alguien estaba moviendo las fichas de su ajedrez y trataba de adivinar quién era, pensó que tal vez era alguno de sus múltiples amigos que entraban y salían de su casa quién además había escrito en el espejo de su casa: “me encanta este juego”,  esta vez hizo su siguiente jugada exd4, peón negro come peón blanco, estaba orgulloso de esa jugada porque podía retirar del tablero a ese feo peón inacabado que no tenía rostro y que él artesano que hizo su ajedrez de lujo no había alcanzado a terminar.

                                                                       

 

2 comentarios:

  1. Que bien. Muchos éxitos. Este es mi blog de mamarrachos, nada pretensioso. Un mero hobby. Adelante en esta batalla que si bien es cierto, no es fácil darle vida a un blog, lo más tenaz es mantenerlo con vida. Ánimo. Atte luiscaricaturas.blogspot.com

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